El meridiano comienza en el ángulo ungueal externo del índice, asciende por el borde radial de la mano, cruza la tabaquera anatómica entre los dos tendones del pulgar y recorre la cara externa del antebrazo y del brazo hasta el hombro. Alcanza la séptima vértebra cervical, desciende hacia la clavícula y penetra en profundidad hasta el pulmón y el intestino grueso. Una rama superficial sube por el cuello, atraviesa la mejilla, llega a los dientes inferiores, rodea el labio superior y termina junto al ala de la nariz opuesta.
El Intestino Grueso recibe del Intestino Delgado los residuos de la digestión, reabsorbe sus líquidos y evacúa el resto. Esta función de transmisión y eliminación es inseparable de la del Pulmón: un Pulmón que no hace descender el Qi se traduce a menudo en estreñimiento. A lo largo de su trayecto, el meridiano trata los dolores del brazo y del hombro y las afecciones del rostro, la nariz, los dientes y la garganta. Desempeña además un papel reconocido en la liberación de la superficie ante los ataques de viento.