Nota: este artículo trata sobre trastornos pasajeros y no sobre casos neurológicos clínicos como los trastornos por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH).
La concentración es la capacidad que tenemos de enfocar nuestra atención en una tarea, un objeto, una idea, mientras ignoramos el resto. Adquirida desde nuestra más tierna infancia, esta facultad llamada “cognitiva” (al igual que la memoria o el aprendizaje) se agudiza a lo largo de nuestra vida hasta los 45 años, inicio teórico medio del declive cognitivo (más información).
Sin embargo, antes de haber alcanzado este umbral (¡que sigue siendo indicativo!), a veces podemos perder el hilo de una idea, distraernos, tener “lagunas mentales”,… y esto más de lo habitual. Estos episodios de vacío dan la impresión de tener el cerebro paralizado. Pueden ser inquietantes, e incluso perturbar nuestra actividad diaria personal o profesional.
¿Cómo surgen tales problemas y qué podemos hacer para remediarlos?Factores de riesgo
Realizar un trabajo adoptando un estado de concentración permite una considerable ganancia de eficacia. Lamentablemente, no todos somos iguales en esta aptitud, y basta con observar las personalidades de nuestro entorno para convencernos. Aunque nuestras disposiciones sean genéticas o culturales, todavía es posible hacer evolucionar nuestras facultades positivamente (ej: jugar al ajedrez mejora la memoria) pero también negativamente. Nuestra higiene de vida está así condicionada por nuestros hábitos, cuyo impacto debe medirse conscientemente en caso de problemas.
- La fatiga: el exceso de trabajo es la causa principal de los problemas de concentración. De hecho, la falta de descanso provoca invariablemente una disminución de la actividad cerebral, que no puede purificarse eficazmente de las toxinas que lo contaminan (Cf. efectos de la falta de sueño). Es necesario velar por la calidad del reposo.
- El estrés: la exposición a una presión demasiado grande puede provocar la pérdida de nuestras referencias y medios. Las ideas se mezclan, las prioridades se desordenan... sin mencionar las tensiones corporales que se derivan de ello. Una mejor gestión a este nivel es importante.
- La falta de ejercicio y el tabaquismo: un estilo de vida demasiado sedentario – al igual que el consumo de tabaco – dificulta la buena oxigenación del organismo. Al provocar una mala vascularización de las zonas cerebrales, esto puede ser fuente de problemas cognitivos. La práctica regular de ejercicio físico garantiza una buena circulación sanguínea.
- Una alimentación inadecuada (Cf. dietética): es importante adoptar una alimentación variada y equilibrada. Algunos alimentos como el ajo y la cebolla son beneficiosos para el sistema circulatorio, mientras que otros ricos en vitamina B favorecen la calidad del sistema nervioso (cereales, verduras, etc.). También se recomiendan suplementos alimenticios como el Ginkgo, así como la ingesta de hierro para hacer frente a cualquier posible deficiencia (especialmente en mujeres jóvenes).
- Las nuevas tecnologías: su llegada a nuestras vidas – si bien presenta ventajas innegables – sin embargo nos ha acostumbrado al menor esfuerzo intelectual (Cf. “Demencia digital – cómo perdemos la razón y se la hacemos perder a nuestros hijos” – estudio del Prof. Spitzer). Sin contar el estrés adicional que genera esta hiperconectividad moderna... Limitar su importancia en la vida diaria fuerza a la reflexión y la memoria; ¡un ejercicio saludable de vuelta a las raíces!
Visión de la MTC
Los problemas que afectan la concentración (y otras capacidades cognitivas) encuentran varias interpretaciones en la MTC (Medicina Tradicional China). El estado energético de una persona y la naturaleza de los síntomas que la afectan permitirán precisar la fuente del desequilibrio.
- Apoyado por la energía renal, el cerebro gestiona el conjunto de nuestras facultades cognitivas. Por esta razón, constituye lo que se llama el “Mar de la Médula” (espinal, ósea y cerebral). Un vacío a este nivel causará problemas acompañados de síntomas como: pérdida de memoria, mareos, tinnitus, cansancio, deslumbramiento, e incluso depresión.
- Las capacidades cognitivas también se verán afectadas en caso de mala irrigación del cerebro. Se habla entonces de un “vacío de Sangre”, que también provocará: palidez, extremidades frías (síndrome de Raynaud), hormigueo en las extremidades, ojos secos, piel seca.
- En presencia de cavilaciones/preocupaciones (Cf. el Preocupación) excesivas, el Espíritu está como nublado, empañado por la abundancia de pensamientos parásitos. Esta “sensación de nebulosa” que obstaculiza la clarividencia y las facultades de juicio se atribuirá aquí a un defecto de la energía del Bazo (encargado del transporte de las cosas – físicas y psíquicas).
- Cuando aparece una falta de interés significativa y permanente, la persona está marcada por una viva lasitud que impide cualquier trabajo cerebral. A esto se puede añadir la sensación de “arena en los ojos” (o “síndrome del ojo seco”). Esta fatiga psicológica es a menudo el resultado de frustraciones latentes y/o de iras reprimidas; aquí será la causa una energía mal canalizada del Hígado. ¡Cabe señalar que incluso aliviado, este desequilibrio preciso volverá a aparecer mientras no se realicen los cambios de vida necesarios y si persisten los malos hábitos! De manera general, una persona que experimenta trastornos cognitivos ya no evoluciona de acuerdo con su tiempo y su espacio. Esto es muy a menudo el resultado de una higiene de vida inadecuada (a las necesidades de nuestro Ser) que ha persistido durante demasiado tiempo. Una recentralización (a través de la moxibustión, el masaje y la acupuntura) puede




