Desde un punto de vista biológico, se habla de estrés cuando un organismo debe reaccionar a estímulos externos. Verdaderos «mini traumas», estas agresiones desencadenan mecanismos primarios de supervivencia. En el ser humano, esta adaptación se produce a lo largo de su vida, tan pronto como debe gestionar nuevas limitaciones. Estas pueden ser: puntuales o recurrentes, personales o profesionales, físicas o mentales/emocionales, esperadas o accidentales, etc.

El estrés laboral es el ejemplo más común. Pero no hay que subestimar el estrés de ciertas situaciones familiares, escolares, emocionales que podemos experimentar a diario, desde la infancia. El fenómeno nos concierne a todos, sin importar la edad y el sexo.


Sus efectos

Provoca reacciones fisiológicas:

  • Aumento de la adrenalina
  • Constricción de los vasos sanguíneos
  • Aceleración del ritmo cardíaco

Este reflejo inconsciente de supervivencia del organismo nos coloca temporalmente en un estado de alerta, con una atención y reactividad aumentadas. Es un proceso «normal», natural, sano. El estrés crónico ocurre cuando persiste en el tiempo, impidiendo cualquier descanso del organismo que lo sufre.

Pero, ¿cómo diferenciarlos? ¿A partir de qué momento se puede decir que un estrés se ha cronificado?

Debido a nuestras experiencias, personalidades y sensibilidades diferentes, no todos somos iguales ante el estrés. Algunos parecen menos afectados por la exposición a los estímulos (sonoros o visuales, por ejemplo). Estas diferencias de percepción confieren al estrés una subjetividad que hace que su medición sea compleja.

Dicho esto, ¡esta diferencia de resistencia no altera la realidad! Y el impacto sobre el Cuerpo por la Mente que sufre este estrés es solo cuestión de tiempo… ¡Un empleado que decide ignorar la aparición de eccema o trastornos del sueño se expondrá más a un riesgo de agotamiento o de depresión!

A menudo, no nos damos cuenta de la gravedad de una situación hasta que se vuelve «ingobernable» con la sensación de estar acorralado, abrumado e incapaz de manejar una enésima prueba percibida como insuperable. Esto da como resultado los siguientes síntomas:

  • Físicos: tensiones musculares, trastornos digestivos, trastornos dermatológicos, trastornos cardíacos, trastornos del sueño, trastornos del apetito, trastornos respiratorios, dolores de cabeza/cefaleas/migrañas, palidez, pérdida de peso, caída del cabello, fatiga, etc.
  • Psíquicos: ansiedad, irritabilidad, agresividad, trastornos sexuales, dificultades de concentración, pérdida de memoria, introversión, baja autoestima, depresión, adicciones, etc.

¡Carrera contrarreloj!

La exposición al estrés es aún más importante con las nuevas tecnologías. Smartphones, tabletas, banda ancha, redes sociales, etc. Esta hiperconectividad induce la omnipresencia de estímulos, limitantes para la Mente, que así se aliena de la mañana a la noche.

El tiempo del que disponemos en un día choca con el flujo de información cada vez mayor. La hiperactividad se valora, y se hace complicado concederse el descanso necesario. La obsesión por el tiempo que pasa nos empuja a la carrera por la eficacia, incluso fuera del trabajo; la Mente hiperactiva cogita permanentemente, y ya no sabe «no hacer nada».

Sin embargo, estas fases de «vacío» son primordiales para desconectarse –literalmente– de un día a día frenético. La tensión está por todas partes y toma la forma de llamadas, correos electrónicos, SMS, notificaciones. Sin mencionar el impacto de las pantallas en nuestros ojos o de las ondas en nuestro cerebro…

Así, el estrés ha entrado en los hábitos, y su carácter universal lo convierte hoy en la principal causa de bajas y accidentes laborales en el mundo.


¿Qué remedios?

Aunque es difícil aislarse del mundo, o modificar la vida diaria (al menos en la parte profesional, seamos realistas…), es totalmente posible adaptarla para una mejor gestión del estrés y así limitar sus efectos.

«El único estrés es el que uno se impone a sí mismo»

En definitiva, el estrés es ante todo una cuestión de sensación. Si las reacciones inmediatas a los estímulos son naturales, dejar que mi Mente y luego mi Cuerpo sean invadidos por la tensión depende solo de mí. Además de la práctica regular de un deporte, una alimentación equilibrada, la limitación de las pantallas por la noche, las herramientas de la MTC permiten luchar eficazmente contra el estrés.

  • Meditación/ejercicios respiratorios: una Mente maltratada emocionalmente busca por todos los medios retener la atención de su huésped. Este es uno de los fundamentos de la MTC. Los ejercicios de respiración consciente son, por tanto, un excelente medio para regular las tensiones internas.
  • Masaje y acupuntura: ya sea manual o con agujas, la estimulación de puntos precisos del cuerpo tiene poderosos efectos sobre la Mente. La sección de tratamientos presenta protocolos diseñados especialmente para estos fines. El automasaje practicado regularmente también será beneficioso.
  • Tai Chi / Qi Qong: los beneficios sobre la Mente y el Cuerpo que proporciona la práctica de estas artes, durante mucho tiempo guardadas en secreto, son múltiples, en particular gracias al establecimiento de un vacío interior y la práctica de una mejor respiración –puntos clave para la evacuación de las toxinas acumuladas día tras día. La higiene de vida se ve, de este modo, mejorada.