Entre las afecciones relacionadas con el sueño observadas en nuestras sociedades actuales, el insomnio es la más extendida. En promedio, el 20% de la población francesa lo padece actualmente de forma crónica, mientras que cerca del 40% de nosotros lo hemos experimentado de forma transitoria (más información y estudios oficiales del instituto nacional del sueño y la vigilancia: enlace). Todas las categorías de la población están afectadas, independientemente del sexo y la edad, aunque las mujeres serían más sensibles debido a las variaciones hormonales que experimentan a lo largo de su vida.
Este trastorno se caracteriza por la dificultad que experimenta una persona para conciliar el sueño y/o por los despertares persistentes que pueden interrumpir su sueño. El resultado es una noche incompleta, o incluso una ausencia total de descanso – la famosa “noche en blanco”.
Aunque no existe una norma del sueño propiamente dicha (no todos somos iguales en cuanto a las necesidades de descanso), en cambio, la insuficiencia se detecta fácilmente en cuanto las actividades diarias se ven afectadas. Entonces, se pueden observar:
- Estado de fatiga latente
- Somnolencia
- Dificultades de concentración
- Irritabilidad
- Pérdida de memoria
- Desorientación
- Etc.
Las implicaciones sociales y profesionales de tal estado suelen ser negativas para la persona cuyas capacidades se ven globalmente reducidas. Y si las consecuencias directas son fáciles de comprender, no hay que olvidar la acentuación indirecta de trastornos subyacentes y otras posibles predisposiciones: trastornos digestivos, obesidad, migrañas, hipertensión, ansiedad, depresión, …
Factores de aparición y visión de la MTC
¡Si el sueño representa en promedio un tercio de nuestra vida, hay una buena razón para ello! Verdadero momento de recarga para el organismo, los tejidos se regeneran, el sistema inmunitario se renueva, el cerebro se purifica de las toxinas, se secretan las hormonas de crecimiento, etc. (para más información sobre este tema: enlace). Se estima que la duración de una noche de sueño “correcta” es de 7 a 9 horas para un adulto, disminuyendo con la edad.
Privado (incluso en parte) de un elemento tan vital, el Cuerpo y el Espíritu se encuentran fragilizados frente al entorno exterior.
Pero, ¿por qué y cómo aparece tal desregulación?
Si el impacto de nuestros estados emocionales en nuestra capacidad para descansar parece claro (un estado de duelo o separación será menos propicio para el descanso que una persona sin preocupación y con el corazón ligero, por ejemplo), la importancia de los factores exógenos debe destacarse.
Así, la evolución de las costumbres en nuestras sociedades modernas degrada inexorablemente nuestra higiene de vida: contaminación sonora, estrés, irregularidad del ritmo de vida, malos hábitos alimenticios, tabaquismo, alcohol, excitantes de todo tipo, falta de ejercicio físico, nuevas tecnologías omnipresentes, etc. ¡Sí! ¡El papel de las nuevas tecnologías, supuestamente para mejorar nuestro bienestar! En un mundo ultraconectado, ¿hasta qué punto nuestros ojos y nuestro cerebro están sobreexpuestos a pantallas, ondas, ruidos, vibraciones...? El tema es vasto y numerosos son los estudios que demuestran el impacto negativo de tales estímulos en el sueño. Sin contar la ansiedad que puede instalarse en una persona que teme el momento de acostarse, arrastrándola a un círculo vicioso.
Cada uno de nosotros tiene una sensibilidad propia, a la que conviene prestar atención para identificar los puntos de mejora de tales factores en caso de insomnio. Porque si el cuerpo no se concede descanso, es una señal de alarma, el envío de un mensaje que nuestra conciencia debe interpretar para tomar las medidas necesarias y recuperar un equilibrio interior, noción clave de la visión taoísta de la MTC.
El insomnio y el eje Shao-Yin
El insomnio (como la hipersomnia, por cierto) será, en este contexto, interpretado por la ruptura del eje Shao-Yin – comprender el equilibrio Corazón-Riñones – que representa la verticalidad del ser y su equilibrio Yin-Yang (el agua del Riñón templa el fuego del Corazón y viceversa). Una agitación excesiva del Espíritu («Shen», cuyo hogar es el Corazón) impide conciliar el sueño, con el flujo de pensamientos excesivos que acompaña este estado. Restablecer este equilibrio es entonces necesario.
Los despertares intempestivos se analizarán en relación con su frecuencia y horas de aparición, a fin de relacionarlos con los biorritmos del organismo y así comprender su origen (elemento/órgano en desequilibrio energético).
¿Qué remedios?
Si el reflejo occidental más común será el recurso a los somníferos, no hay que descuidar sus efectos secundarios y tóxicos en el organismo. ¡Además, están proscritos en caso de insuficiencia hepática (del Hígado) o renal!
Las herramientas de la MTC, en particular la acupuntura y el masaje, ofrecen un tratamiento natural eficaz para restablecer los desequilibrios internos que causan los diversos trastornos del sueño mencionados. También será posible mediante el automasaje estimular puntos clave del cuerpo: Yong Quan — Kidney 1 (Rn 1), Tai Xi — Kidney 6 (Rn 6), etc.
Finalmente, pequeños ajustes en los hábitos y la higiene de vida constituyen un excelente complemento para favorecer el sueño y mejorar naturalmente la calidad del sueño:
- La práctica regular de actividad física diurna (¡evitar por la noche!): permite liberar tensiones, estrés y exceso de energía
- La práctica de la meditación y de ejercicios respiratorios adaptados antes de acostarse
- Acostumbrarse a comer poco (o nada) por la noche, para limitar la actividad de los órganos internos
- Adoptar un ritmo diario regular (horas de acostarse y levantarse)
- Crear un ambiente propicio para el descanso (eliminar luces, ruidos, ondas de radio/wifi, cargadores eléctricos, etc. a nuestro alrededor)
- Limitar la exposición a las pantallas, en particular al menos 1 hora antes de acostarse
- Cuidarse a nivel emocional, intelectual/visual, especialmente por la noche




