Según la creencia popular de que «se cosecha lo que se siembra», cada evento que nos sucede es el resultado de acciones de las que somos responsables: «trabajé duro, por lo que obtuve un aumento», «comí demasiado, por lo que subí de peso», «ahorré, por lo que puedo permitirme este viaje», etc.

Sin embargo, la vida no puede reducirse a esta atractiva lógica, que queda incompleta sin la introducción de una dimensión aleatoria. De hecho, ya sea que hablemos de suerte, factor humano o incluso accidente… nuestras trayectorias individuales nos han demostrado ampliamente a lo largo de nuestra existencia que la probabilidad de un imprevisto nunca es nula.

¿Y si todo no sale «como estaba previsto»?

El miedo a este elemento incontrolable e impredecible constituye la raíz de la la preocupación. Y quien dice preocupación dice pensamiento…

La capacidad de pensar es una aptitud formidable que posee el ser humano, pero en exceso puede ser destructiva para su huésped, que se encuentra invadido por un flujo incesante de imágenes/ideas/reflexiones inútiles, aislándolo y obstaculizando su capacidad de vivir en armonía con su entorno aquí y ahora.

Este sentimiento puede adoptar diversas formas según su grado: una preocupación pasajera, un estrés temporal, o bien inquietudes incesantes, molestia, ansiedad, angustia, o incluso obsesión, exceso de trabajo intelectual… La psicología conductual nos ha enseñado que no todos somos iguales en términos de aversión al riesgo, y que, por lo tanto, gestionamos de manera diferente un factor tan penoso que sigue «imponiéndose» a nosotros, a pesar de todos los avances tecnológicos y el confort de vida a nuestra disposición.

Este fenómeno afecta particularmente a nuestras sociedades occidentales, donde el pensamiento continuo es el pan de cada día de muchas personas que viven literalmente en su cabeza, convertida en un lugar de refugio, incapaces de soltar su situación y su entorno. Esto explica:

  • Por un lado, el éxito de los paraísos artificiales adictivos por su control sobre la mente: redes sociales, videojuegos, alcohol, drogas, etc., que se convierten en escapatorias.
  • Por otro lado, el auge relativamente reciente de las disciplinas y obras destinadas a enseñar el arte de soltar, la atención plena, la aceptación.

Visión de la MTC

En la Medicina Tradicional China (MTC), la preocupación es la emoción del elemento Tierra, cuya estación es la Entreestación, el órgano es el Bazo, el clima es la humedad, el movimiento es la maduración, y la apertura es la boca.

La presencia de preocupaciones afecta directamente al Bazo pero también al Estómago, entraña que está conectada a él. Una persona que se preocupa sistemáticamente por nada tendrá una debilidad en la energía de estas vísceras, causando trastornos relacionados con estas. También será el caso de una persona cuya situación financiera, personal o familiar esté muy expuesta, causándole preocupación.

La función primordial del Bazo, que es principalmente el «transporte y la transformación de las cosas» tanto a nivel físico como psíquico, una perturbación del Qi de este órgano causará importantes trastornos de esta esfera de producción y digestión (Cf. el Bazo para más detalles).

Si una ligera inquietud (como el estrés) ligada a una situación dada puede ser un formidable motor de reacción productiva, es en cambio destructiva para el individuo que no sale de ella, o incluso la adopta como modo de vida. Preocuparse demasiado (literalmente) constantemente provoca un importante bloqueo de Qi, mientras que las rumiaciones excesivas provocan una agitación del Espíritu. Esta perturbación causa así una sensación implacable de nebulosidad, con todo lo que ello implica en términos de pérdida de orientación. El esfuerzo de soltar y de aceptación se vuelve aún más complicado para la persona afectada, incapaz de evolucionar serenamente en su espacio y su tiempo… ¡Aquí se observa un vínculo muy estrecho con el Miedo!

El practicante, a través de los tratamientos proporcionados (Cf. sección "Cuidados" para más detalles), podrá favorecer este retorno al equilibrio trabajando en la pacificación del Espíritu y ayudarlo a recuperar la claridad que el ser necesita para digerir serenamente los eventos de la vida y prosperar.