Todos hemos conocido alguna vez esta emoción. Por instinto, nos impulsa a reaccionar ante un peligro o una amenaza percibida como tal, por temor a que algo doloroso o desagradable suceda y nos afecte. En tal estado, nuestro comportamiento se adapta en consecuencia, respondiendo a nuestro instinto natural de supervivencia… tal como lo haría una presa si un depredador se abalanzara sobre ella para devorarla.

Desde este ángulo primario, se trata naturalmente de un reflejo vital, una reacción sana. Pero, ¿qué pasaría si este estado de alerta nos habitara permanentemente, si este sentimiento nos invadiera de forma irracional, hasta el punto de no poder pensar serenamente, de encontrarnos literalmente paralizados por el miedo?

Hoy el miedo parece omnipresente. Tanto en nuestras interacciones cotidianas con extraños, nuestros seres queridos, nuestros colegas, como a escala planetaria entre superpotencias mundiales… una misma constatación: rechazamos lo que nos es ajeno. En una era donde la información es cada vez más abundante y los ritmos de vida frenéticos, nuestra capacidad de comprender y aceptar es cada vez más débil. Simplemente ya no tenemos tiempo para hacer este esfuerzo de integrar nuevos datos que podrían cuestionar un sistema (cultural, religioso, educativo, social, …) que hemos admitido y adoptado psicológicamente a lo largo de nuestras vidas. Todo lo que podría venir potencialmente a cuestionarlo nos aparece lógicamente como una amenaza a este equilibrio, esta ilusión de control de un bienestar que debe ser salvaguardado a toda costa…

Habilidosamente vehiculado y luego instrumentalizado, el miedo puede incluso convertirse en una increíble herramienta de manipulación, que en el extremo puede llevar a multitudes enteras a actos insensatos. Los conflictos geopolíticos y otras guerras de religión son los ejemplos más flagrantes.


Visión de la MTC

En Medicina Tradicional China (MTC), el Miedo es la emoción del elemento Agua. Afecta negativamente a los órganos fuente de nuestra energía original: los riñones. Por ello, un miedo súbito y demasiado fuerte para ser gestionado correctamente por los riñones provoca su disfunción, e incluso una posible relajación a nivel de la vejiga, estrechamente ligada a los riñones (fisiológica y energéticamente) – la persona literalmente “se orina encima”.

La estación del Miedo es el invierno, su clima, el frío. Como el agua que se congela en invierno, el miedo paraliza, impide el movimiento y la evolución (el paso adelante). Se detectará la presencia de miedos (incluso latentes) por una actitud retraída, inactiva, con insomnio (miedo a la muerte) o dificultad para levantarse de la cama (miedo a la vida). Además, las personas afectadas por miedos adoptan naturalmente una “actitud cifótica”: la cabeza inclinada, los hombros y la parte superior de la espalda están curvados hacia adelante, como para protegerse, reproduciendo inconscientemente una posición fetal. En teoría, la cara anterior del cuerpo alberga la energía nutritiva del organismo que debe protegerse, mientras que la cara posterior (la espalda) es la sede de la energía protectora, “fuerte”.

Desde un punto de vista fisiológico, y debido a la localización de los riñones, los dolores a nivel del cuadrado lumbar (músculos de la parte inferior de la espalda, situados a ambos lados de la columna vertebral) suelen indicar la presencia de miedos en la persona afectada. Estos dolores comienzan debajo de la última vértebra dorsal (D12), para bajar al nivel de los glúteos y la parte posterior de los muslos, a veces hasta detrás de las rodillas, o incluso hasta los dedos de los pies (en este caso, se habla de ciática o cruralgia).

Las formas de miedo son múltiples:

  • timidez, introversión
  • inseguridad (violencia física, infidelidad, traición, …)
  • angustias (miedo a la muerte, al sentido de la vida, …)
  • fobias (claustrofobia, xenofobia, …)
  • etc.

Sus fuentes son diversas:

  • familiares (los padres, a menudo), educativas
  • culturales, religiosas
  • ligadas a eventos puntuales marcantes (accidentes, violencias, fallecimientos, …)

Finalmente, el miedo es considerado como la base de todos los sentimientos negativos que somos susceptibles de experimentar. Un miedo arraigado y no tratado se materializará con el tiempo en: cavilaciones obsesivas, agresividad, tristeza, etc… todas ellas actitudes destructoras para nosotros mismos y nuestro entorno. Así, simples miedos – ¡en general infundados e irracionales! – pueden conducir al fracaso de una negociación, la fragmentación de una familia, el individualismo de una sociedad, el estallido de un conflicto, el sufrimiento de un pueblo…

A escala individual, el trabajo del practicante en MTC aporta una solución eficaz a las patologías encontradas. Sin embargo, esta no será eficaz y duradera en el tiempo sino como complemento de una toma de conciencia esencial para la identificación y comprensión de la fuente del desequilibrio energético. Aquí, el origen de nuestros miedos.