A través de mi práctica, tengo la oportunidad de observar diversos trastornos. De múltiples y variadas expresiones, sin embargo, una similitud los une: la negligencia del factor emocional.
En nuestra cultura occidental, es común cuidar nuestro cuerpo, el aspecto material de nuestro ser. Pero, ¿qué pasa con el aspecto etéreo? Si tuviera que quedarme con UNA cosa hasta ahora, sería la importancia de esta dimensión en la que encuentran su origen el 90% de nuestros sufrimientos (físicos y/o psíquicos). Esa es la esencia misma de la MTC.
Ciertamente, este aspecto sigue siendo delicado de dominar y requiere un cierto despertar… Pero podemos resaltar los hábitos comunes que exacerban la afluencia de emociones negativas y nos son perjudiciales. Aquí hay algunos, que intento sintetizar lo mejor posible; ¡no dudes en compartir tu experiencia personal en los comentarios!
1. Una alimentación inadecuada
“Las comidas largas hacen las vidas cortas” – Inglés
“El hombre cava su tumba con sus dientes” – Francés
“Estómago bien lleno no estudia de buena gana” – Alemán
“Un vientre grueso no engendra un espíritu sutil” – Griego
“Si odias a tu hijo, aliméntale demasiado” – Japonés
En estas cortas máximas, encontramos la misma verdad en todos los pueblos. La calidad y cantidad de los alimentos son fundamentales. Influyen en nuestra psique, y esta influencia debe ser favorable para evitar la degeneración.
Calidad: cada alimento es susceptible de modificar nuestro comportamiento. La carne estimula nuestros instintos agresivos, el azúcar nos proyecta a un estado depresivo, etc. A través de la observación consciente de estos cambios sutiles, aprendemos a moderar: el exceso de especias, cafés, alcoholes, azúcares y su procesamiento, grasas animales, verduras/frutas tratadas químicamente. Lejos del exclusivismo de las dietas alimentarias, el arte de vivir consiste en adaptar la comida a las variaciones de las estaciones, del lugar, de la actividad, del estado de salud (Cf. La dietética). Finalmente, la comida debe ser un acto consciente, una meditación activa, un agradable momento de relajación.
Cantidad: comemos demasiado. Esta tendencia proviene del uso excesivo de productos refinados (sal, azúcar, aceite, etc.) y la costumbre de comer hasta la saciedad, ¡3 veces al día! Esto es inédito desde el comienzo de nuestra evolución. Sin embargo, el vientre constituye nuestro centro emocional. Conviene cuidarlo y considerar el trabajo de nuestros órganos, sobre todo antes de acostarse, momento de relajación para nuestro organismo. Por esta razón, los chinos cenan relativamente temprano en comparación con las normas occidentales.
2. Una actividad física insuficiente
El cuerpo – Yin – necesita movimiento. El espíritu – Yang – necesita calma.
Hoy en día, generalmente observamos lo contrario: un sedentarismo casi permanente (posición sentada), combinado con un exceso de trabajo intelectual. En este contexto, el estatismo permite un flujo continuo de pensamientos/preocupaciones/cavilaciones, que a su vez obstaculizan cualquier motivación para el movimiento, por agotamiento. Este círculo vicioso puede entonces durar hasta la implosión.
El ejercicio físico “yangifica” nuestro cuerpo: la producción de calor y de Qi se estimula, facilitando así la circulación de los fluidos orgánicos, mientras que la secreción de endorfinas se potencia (Cf. la famosa «euforia del corredor», por ejemplo). La tendencia entonces se invierte: el cuerpo se deshace de las toxinas acumuladas, los circuitos congestionados se liberan, la sangre se renueva, el espíritu se aligera.
Atención a no confundir: correr en todas direcciones bajo el impacto del estrés (profesional/personal)… ¡no es una actividad física!
3. Un estrés profesional invasivo
“No hay más estrés que el que uno mismo se impone”
Teléfono, correos electrónicos, mensajería instantánea… Hiperconectados, la frontera entre la esfera profesional y la esfera privada puede desaparecer fácilmente. Y la presión jerárquica no facilita las cosas.
De este cóctel explosivo surge un estrés estimulante al principio, agotador después. A la larga, pueden aparecer diversos trastornos: irritabilidad, agresividad, depresión, burnout, etc. (Cf. El estrés).
Sin embargo, corresponde a cada uno dejar o no que un estrés persista. La preponderante importancia que se le da al trabajo es a menudo la causa, siendo esta alimentada por el miedo a “no dar la talla” en una sociedad materialista, siempre aferrada a la ilusión de la felicidad a través del rendimiento y la ganancia. Una mejor distribución entre trabajo y placer permite una toma de distancia sincera y salvadora.
Estar estresado es una elección. Aquellos que afirman lo contrario simplemente tienen miedo de admitirlo.
4. La sobreexposición a las pantallas
Desde la mañana… ¿Te levantas mirando tu teléfono? Nos comunicamos, organizamos nuestro tiempo, trabajamos, nos entretenemos a través de las pantallas: smartphone, ordenador, tableta, televisión. ¡Nuestros ojos se llenan la vista!
Bombardeado por fotones, nuestro cerebro se mantiene activo. Todo el tiempo. Además, la vista es el sentido relacionado con el Hígado, órgano de las emociones por excelencia. Al captar permanentemente los 5 colores (de los 5 elementos de la medicina china), la energía del Hígado se sobreexcita, lo que provoca irritabilidad, migrañas, agresividad, etc. (Cf. El Hígado).
Sin mucho discurso… guarda las tabletas y saca los libros (de papel).
5. La ausencia de tiempos muertos
La multitarea y la productividad son hoy valores destacados. «Hay que» maximizar la utilidad del tiempo tanto profesional como personal. La inactividad se percibe como inútil, y cualquier posible ocasión de volver a la calma se llena con una actividad o un entretenimiento.
¿Cuándo fue la última vez que te sentaste sin hacer nada? ¿Y cuánto duró?
Según un principio de la física bien conocido, «la inercia es la resistencia que un cuerpo opone al cambio de su movimiento». Este concepto también se aplica a nuestro organismo, para el cual el retorno a la calma es difícil. Sin embargo, esto se trabaja, especialmente a través de la meditación y la respiración consciente.
Los tiempos muertos son esenciales para la recarga.
6. La carrera por lo material
“La vida mal cultivada engendra sufrimiento”
Para mí, este punto puede resumir todo lo demás.
Evolucionamos dentro de círculos de influencia (escuela, cultura, religión, amigos, familia, trabajo, etc.) a los que nos adherimos desde el nacimiento. Así construimos nuestra propia escala de valores, sobre la cual se fundamentan nuestro juicio y nuestras elecciones.
Sin embargo, en ausencia de perspectiva sobre esto, estas decisiones “preprogramadas” (y a menudo materialistas) no pueden estar en consonancia con nuestras aspiraciones profundas. El resultado es una brecha entre deseos reales y “hábitos mecánicos”, desprovistos de sentido. Precisamente esta brecha es la que genera el dolor de un pueblo que anhela espiritualidad.
Conscientes de este vacío pero incapaces de explicarlo, recurrimos a los excesos con la esperanza de llenarlo. En busca de siempre más, el tiempo presente se sacrifica, invadido por el miedo y la agresividad.
Nuestro inconsciente nos llama al orden a través de las dolencias del cuerpo, su único medio de expresión. Este recordatorio nos invita a cuidar nuestras emociones descuidadas y a volver a la moderación y al equilibrio interior.




