En materia de salud, el equilibrio ácido-base se presenta hoy como un indicador importante del terreno interno. No porque refleje directamente el pH de la sangre –que se mantiene extremadamente estable– sino porque traduce la carga ácida que nuestro estilo de vida impone al organismo. Comprender esta noción permite esclarecer ciertos desequilibrios metabólicos o funcionales.
1. ¿Cómo funciona?
El pH (potencial de hidrógeno) mide la acidez o alcalinidad de un medio. Se expresa en una escala de 0 a 14, del más ácido al más básico, con un punto neutro en 7.
El cuerpo humano, compuesto en aproximadamente un 65% de agua, posee diferentes compartimentos, cada uno con su propio pH. El más vigilado es el pH sanguíneo (más precisamente plasmático), que se mantiene notablemente estable: entre 7,38 y 7,42. El organismo mantiene este valor gracias a sistemas potentes: respiración, riñones y sistemas tampón. Este pH varía muy poco, incluso cuando cambia la alimentación.
En cambio, la cantidad de ácidos que el cuerpo debe eliminar –llamada carga ácida– varía según nuestros hábitos de vida. Es esta carga la que puede fluctuar, no el pH sanguíneo.
2. ¿Por qué es importante?
Nuestro metabolismo produce constantemente compuestos ácidos. Para preservar el equilibrio interno, estos ácidos deben ser neutralizados o eliminados. Para ello:
- La ventilación pulmonar regula la eliminación de CO₂ (ácido carbónico)
- Los riñones eliminan los ácidos no volátiles y regeneran los bicarbonatos
La alimentación influye directamente en la cantidad de ácidos que los riñones deben procesar. Si es muy rica en alimentos “acidificantes”, el organismo no entra en acidosis sanguínea –pero aumenta su esfuerzo de excreción. Es aquí donde la noción de PRAL (Potential Renal Acid Load) se vuelve útil: algunos alimentos aumentan esta carga, otros la reducen.
3. ¿Cuáles son los factores de acidez?
Nuestro estilo de vida moderno tiende a aumentar la carga ácida que el cuerpo debe gestionar. Diferentes factores contribuyen a ello:
- Ritmos de vida intensos: estrés, tensiones, sobrecarga mental, falta de sueño
- Higiene de vida inadecuada: sedentarismo, tabaco, alcohol, contaminaciones, infecciones crónicas
- Excesos alimentarios: proteínas animales, productos transformados, azúcares refinados
- Factores emocionales (visión MTC): rumiaciones, miedos, frustraciones, cóleras
En MTC, estos elementos corresponden a «cargas internas» que mantienen estancamientos, calor o tensión de los órganos. En la fisiología moderna, simplemente aumentan la cantidad de ácidos a eliminar.
4. Regulación y medición
Dos ejes principales pueden ayudar a regular esta carga ácida y a restaurar un terreno más equilibrado:
El movimiento mejora la oxigenación, estimula la circulación de los líquidos y favorece la eliminación metabólica. La actividad física regular apoya la respiración y la función renal.
La alimentación permite aportar elementos basificantes (minerales, vegetales) y reducir la carga ácida global. Las sutilezas son numerosas, pero la clasificación PRAL ofrece una guía sencilla para orientar las elecciones corrientes.
Aquí hay una distribución práctica, sin pretender modificar el pH de la sangre, sino buscando una mejor gestión metabólica.
5. Clasificación de acidificantes y alcalinizantes
- Acidificantes, a moderar: Proteínas animales (carnes/embutidos, pescados/mariscos); Cereales refinados (arroz blanco, pan blanco); Productos lácteos; Azúcar, refrescos; Sal; Cafeína; Alcohol; Condimentos industriales (kétchup, mayonesa, mostaza, pimiento, vinagre).
- Alcalinizantes, a privilegiar: Limón; Verduras verdes (especialmente espinacas); Patata, zanahoria, aguacate; Frutas (incluidas plátano y ciruela pasa); Especias suaves (cúrcuma, jengibre, pimienta negra); Hierbas aromáticas (cilantro, perejil, rúcula, lechuga de cordero); Algas; Agua.
Siendo los riñones los principales órganos de eliminación de ácidos, es posible observar el pH urinario para seguir la tendencia del terreno. El pH de la orina no refleja el pH de la sangre, pero indica la carga ácida que el cuerpo elimina en un momento dado.
Para ello, se utiliza papel reactivo (en farmacia). Tres mediciones al día durante cinco días permiten una media fiable:
- 2ª orina de la mañana (la primera es naturalmente más ácida)
- Antes de la comida del mediodía
- Antes de la cena
En un individuo sano, el pH urinario oscila entre 5 y 7,5. Una tendencia ideal se sitúa generalmente entre 6,2 y 6,8 por la mañana, y entre 6,8 y 7,5 por la noche.




